Cuando el sol se pone y las paredes se vuelven doradas.
Una finca blanca escondida detrás de los pinos, buganvilias trepando por las paredes, el sol poniéndose. Esta colección nació de una tarde de verano en la que no necesitábamos nada, solo estar allí.
Hay un momento del día en Ibiza en el que todo cambia. El sol se pone, las paredes blancas se vuelven doradas, las sombras se alargan bajo la pérgola. El aire aún está cálido, el viento empieza a soplar desde el mar. Es la hora en la que te pones un vestido sin pensarlo, en la que sales descalza a la terraza, en la que aún no sabes si vas a cenar aquí o caminar hasta el pueblo.
La finca ha estado allí durante siglos. Muros gruesos, vigas de madera en bruto, buganvilias que estallan en rosa contra la cal blanca. Un sofá de ratán, cojines desgastados por el sol, un olivo centenario que da sombra. Nada nuevo, nada lujoso, solo lo esencial, perfectamente en su lugar.
Pensamos esta colección para ese momento. Vestidos que te pones en treinta segundos. Tops que combinan con todo. Tejidos ligeros que se mueven con el viento de la tarde. Colores cálidos (tierra, rosa, blanco, oliva) que combinan con la luz dorada y el bronceado de última hora del día.
Para una noche en Ibiza o un jueves de julio en tu terraza, el resultado es el mismo: te sientes libre, te sientes guapa, te sientes exactamente donde debes estar.